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Thursday, March 01, 2012

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Critica SHAME

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Titulo: Shame
Director: Steve McQueen
País: Reino Unido.
Género: Drama
Guión: Steve McQueen, Abi Morgan
Fotografía: Sean Bobbitt
Música: Harry Escott
Sinopsis Brandon (Michael Fassbender) es un treintañero neoyorquino con serios problemas para controlar y disfrutar de su vida sexual. Se pasa el día viendo páginas pornográficas y manteniendo contactos con solteras de Manhattan... 
Trailer: Shame

ATENCIÓN, la presente reseña posee abundantes spoilers.
Debido a su maestría e impagable vivacidad, algunas películas merecen que se les mencione con respeto. Shame es una de ellas. Y en esta oportunidad —como en algunas otras— tratare de hacer honor al sentido más estricto de la palabra «critica», que quiere decir «conocimiento», y no tanto en el sentido vulgar de juzgar o subvalorar. Aunque por motivos de justicia, finalmente designare una puntuación como lo he hecho en todos los casos. 

En la primera secuencia de Shame, Steve McQueen nos induce al descenso de los infiernos de un hombre atrapado ante los excesos sexuales que lo dominan. Allí en las profundidades de Manhattan, Brandon viaja en metro mientras intimida con solo una mirada, a una de sus nuevas víctimas (el depredador y su presa). El segundo largometraje de McQueen, resulta abruptamente absorbente desde su primer fotograma. Ya que atrapa rotundamente con su atroz y sagas argumento, convirtiéndose en una experiencia arrolladora y dolorosa. En donde el drama concebido, se diferencia de otros vistos, por ser excesivamente realista y carente de disimulos. ¡El exceso está servido! ¡La vergüenza de  McQueen no ha tenido lugar! Shame es la alianza de performance y el ingenio. De Fassbender-Mulligan y Steve McQueen. 


El depredador apresado.
 
En  su laureado debut Hunger,  McQueen entregó una obra políticamente demoledora, avivada por la compleja e inteligente dirección que catapultaba a este realizador, a las aguas inquietas de las mentes más prometedoras de la realización cinematográfica.  Con su segundo largometraje Shame, McQueen vuelve intrínsecamente a explorar los límites humanos, a escarbar y manosear en los más oscuros secretos y placeres que motivan al ser. Shame es un drama agudo, que transfigura lo tópico y representa ese difícil límite entre la emoción y la sensibilidad. Esta película que se percibe coral, está conformada por danzas corporales, miradas empujadas por la estremecedora y circundante música de Harry Scott (el tema introductorio vitaliza angustiosamente este descenso a los infiernos) y minuciosos flash-backs que documentan el menoscabo mordaz de Brandon, mientras prevalece con notoriedad en este escabroso camino, las texturas, los sonidos, el sentimiento, el hedonismo frustrado, y en última instancia, el quiebre, el dolor.

Para poder ver Shame y no correr el riesgo de terminar en terreno equivoco, hay que rediscutir la manera en que el medio ha promocionado la cinta. Incluso, con más exactitud, se debe ver la cinta sin ninguna expectativa y rescatando tal cual detalle de la sinopsis. Brandon (Michael Fassbender) entregado a su supuesta adicción al sexo, vive rodeado por la frialdad del absolutismo que el sistema capitalista adjudica a sus súbditos. De esta manera vemos como McQueen manosea nuevamente el mismo elemento político que cito en Hunger, pero despista al arropar su intención, en otro trasfondo mucho más polémico y humanista —es imposible no identificarse e impresionarse con el tema—.  Brandon es un hombre insaciable, que busca desequilibradamente conseguir el placer, pero que siempre desea y quiere más —es un ir más allá constante—. Otra señal que recurre al sistema económico norteamericano —y además dominante en todo el mundo—, que impregna a sus seres de angustia y desesperación, y que anulan la posibilidad misma de la complacencia, demandando más, exigiendo siempre más. Brandon como fiel esclavo de su medio, piensa que no hay nada de malo en él, y sigue en su constante búsqueda por el placer, arrojándose a terrenos escabrosos. Hasta que llega Sissy (Carey Mulligan), otro ser con heridas emocionales que representa un punto de inflexión en la supuesta armonía de Brandon —a veces basta un elemento de irritación para que una situación encuentre el desenlace histórico detrás del cual estaba—. De esta manera seremos testigos del exceso de escenas consumadas a la perfección por la maestría de su realizador, que representan y continúan el estricto estilismo de McQueen, desde la explicitud visual, los largos diálogos en tomas fijas carente de artificios y sorpresas, los cuerpos en movimiento en medio del frenesí sexual, la honestidad narrativa —el argumento es mínimo pero real y brillante—, la enigmática  secuencia del trote de Brandom por la gran manzana, el vía crucis sexual de este antihéroe entre el placer fetichista y homosexual —ya el sexo «corriente» no le genera satisfacción—, el canto Sissy que alberga el sufrimiento que la atormenta,  en conclusión, seremos testigos de la descomposición de estos hermanos que dejan su sangre y su piel por el camino que transitan. Evidentemente Shame no es una película fácil de ver y digerir, es una película digna de ser abandonada a la mitad de su metraje, por las inmensas sensaciones y reacciones que produce —hoy en día no se va al cine para que te descompongan emocionalmente—, Shame es una película que puede repeler al público, pero que consigue algo reamente brillante en todos aquellos espectadores que se arrojen ante esta frenética experiencia. Consigue dejar la huella de la duda. Nos hace plantearnos nuestro sistema de vida y nos hace preguntarnos y cuestionarnos quién es cada quién en el juego del gato y el ratón. Del depredador y de la presa. Del sistema y el medio que nos rodea, y el consumismo y la posmodernidad que nos envuelve con sus brillos. Una película que deja huella, por muy dolorosa que sea.  Porque al igual que Brandom, el «ser» toma conciencia de su ignominia cuando hay un elemento de agitación. Y en ese momento de revelación, hay un quiebre, una ruptura y un cambio.


Tan brillante y solvente como su ritmo y su dirección, resulta el monumental trabajo actoral de Michael Fassbender, quien realiza aquí, el papel de su carrera. Fassbender se transforma internamente en este roedor contemporáneo. Portador del virus de la ansiedad, la lujuria, el tormento, la lucha, la duda, la entrega, la soledad y la desdicha.  Su semblanza, su belleza y su imperfección física representan otro ingrediente que magnetizan al espectador. Muy pocas veces se ve en la gran pantalla un actor como Fassbender, entregado —hasta sus últimas consecuencias— a las miserias de su personaje. Carey Mulligan es la perfecta contrapartida al personaje masculino, su locura, su inconsistencia, sus cambios emocionales proporcionan a ratos afición y empatía. Dos actuaciones explicitas —con desnudos, confrontaciones y demás— que impregnan la pantalla de rotunda autenticidad. Difícilmente una película y unos personajes como estos, puedan olvidarse.

En definitiva, Shame es una propuesta realista que recalca la insensibilidad humanista del capitalismo, que genera ansiedad y explota el cuerpo como síntoma del descentramiento del sujeto. Un crudo y atroz retrato de los excesos y las miserias humanas. Una película que reduce a cenizas el sueño americano. Que transfigura a sangre, oscuridad y sexo, el estilo de vida contemporánea —reflejado en la mínima escala de Nueva York—. Con personajes complejos psicológicamente, y momentos tan delirantes como perturbadores. McQueen tras Hunger, saca el cine a la calle y lo ensucia un poco. Éso se agradece hoy en día.

Nota: 9.0/10

7 comentarios:

Manderly said...

Como dices la promoción d ela película lleva a un error tremendo!! Supongo que con el escándalo pretenden ganar espectadores... no sé si lo han logrado.
La película va mucho más allá del sexo. Se trata de una enfermedad un adicción que domina al protagonista cada vez más como en un círculo vicioso.
Mulliagan me ha gustado mucho. Su personaje desestabiliza todavía más los tormentod de su hermano, además de añadir los suyos propios.
Buenas interpretaciones y buena película.
Saludos.

Anonymous said...

Desde el aprecio, creo que es una mala idea copiar y pegar textos tuyos para hacerlos pasar por comentarios en blogs de otros. Una técnica de expansión un tanto fea.
No te lo tomes a mal, es simplemente una recomendación.
Suerte.

Roy Bean said...

No voy a leerte la reseña porque ardo en deseos de verla. Venía a comentarte que en mi página ya funicona bien el bloglist y no estas arriba, sólo, sino en las actualizaciones automáticas.

Un saludo Jose.

Roy

J.C.Alonso said...

A ver…Querido José, estoy de acuerdo con tu crítica en la calificación y algunos aspectos sobre la lectura de este extraordinario film: 1) Mc Queen que le encanta la polémica, lo dejo claro en su anterior trabajo, pues tuvo sus más y sus menos con la prensa especializada al respecto de su nombre y porque estigmatizar al irrepetible Mc Queen “Bullit”…En fin, es tan buen realizador que como si se quiere llamar Steve Berlanga… En el archivo de el País podrás encontrarla... 2) Si que aborda el trastorno bipolar hipomaniaco sexual representado en parafilias. No estoy de acuerdo en esa valoración tan frívola, que ya no le excitan o le atraen las movidas hetero. Más aún, en la caída libre se puede practicar hasta sexo con animales…En fin, no estamos en el aula de psiquiatría…3) No has hecho mención a las influencias de este director empapado y envuelto de free Cinema Británico ¿Les suena Tony Richardson?. Véase “Hunger” y el sueño de Fassbender “inánime” y su carrera de adolescente por el monte. Aquí hay un travelling por las calles de NY: majestuoso y hermoso con parada en un semáforo destartalado que es la metáfora de su mente, desecha. 4) Y Por último, la crítica me recuerda mucho a la vista en otro blog y como te han comentado en el anterior post, no te conviene esa alternativa porque tienes un blog estupendo con una factura impecable y muy bien documentado. Esencialmente, tu apartado sobre la valoración de directores de fotografía. Un colectivo a veces denostado y envidiado. Conozco el gremio y la maldad de Saura con Storaro pervive. Ah, que no quiero que se me olvide, la soundtrack de H. Escott-por cierto becario, colaborador y amante de M. Nyman – redunda en un corte muy Jon Brion, P. Glass o el propio M.Nyman, claustrofóbico con el tic- tac de un reloj (una suite de 8 minutos y pico), cuando el resto de la Soundtrack hay variaciones de Bach, J. Coltrane o Blondie, amén del Ny, Ny intepretado por C. Mulligan, incomprensible que esta criatura no haya sido nominada por Drive o este film. Recibe un saludo y por supuesto quien no la haya visto, que la vea 2 veces. Esperamos el próximo trabajo del británico con su actor fetiche y B. Pitt

Angie Bolea said...

A mi me pareció una buena película hasta que llegó el momento Carey Mulligan como cantante, no habia escuchado cosa más horrenda y aburrida desde hacia tiempo, y eso que acabo de ver Sleeping Beauty, que bueno, sin comentarios. Siguiendo con Shame, me encantó los 20 primeros minutos son de obra maestra, la satira es impecable. Después cuando todo empieza a ser miseria, violencia y simplemente, incomodidad, empezéa valorar la opción de dejar la pelicula a medias, pero seguí, con la experanza de que fuera a mejor. Pero no, la cosa fue de peor en peor hasta llegar a la lista de 'el recurso fácil': el intento de suicidio como parte de climax o drama y el cómo no, el llanto, el grito, pobrecito que pena me da, se me encoje el corazón... Que mania con hacer peliculas terribles sin salida o sin nada que aportar, tirando de penurias y de infelizes. Por lo demás, la fotografia es genial y el actor uno de mis favoritos. Yo le doy un 7.8/10

Sprezzatura said...

Si queda claro un trauma desde la infancia, ambos personajes se complementan, ella con su dependencia y el con el narcisismo, el film de Shame un film lleno de frenesí y dramatismo, simplemente me encantó y la recomiendo muchísimo.

Surreal194 said...

Me encanta esta película, irónicamente me relaja. Me parece que se retrata perfectamente el tema y se transmite el sentimiento de verguenza que atraviesa el protagonista que parece nunca haber cuestionado su estilo de vida hasta que llega su hermana y, sin ninguna intención de ello, lo expone a sus propios demonios internos.