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Sunday, May 10, 2009

La Madre un símbolo primordial para el cine

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El cine, ese arte maravilloso que nos permite vivir mil vidas y morir mil muertes ha inmortalizado a las madres que en todas las circunstancias cumplen con su abnegado papel de proteger a sus hijos y llevarlos hacia delante, Madre no hay más que una. Pero en el caso del niño Camille de La comedia de la inocencia (Raoul Ruiz, 2000) no es así. La película se basa en la novela de Massimo Bontempelli, El hijo con dos madres, y eso es lo que le ocurre precisamente a este niño que el día de su noveno cumpleaños comienza a comportarse de manera extraña, y a llamar a su madre, interpretada por la fantástica Isabelle Huppert, por su nombre de pila. Aparece otra mujer, Isabella (Jeanne Balibar) que afirma ser la madre del niño, y Camille se comporta como si lo fuera. Una película perturbadora, llena de intriga y desasosiego, ambigüedad y desconcierto. Pero si hay madres que luchan por sus hijos, esas son las "madres coraje", y ha habido unas cuantas. como la Helene Weigel de Madre coraje y sus hijos, la Helen Mirren de En el nombre del hijo, la Adriana Ozores de Heroína o, de manera más discutible, la Crissy Rock de Ladybird, Ladybird. La más atractiva, sin duda, Angelina Jolie en El intercambio. Y es que hay madres que con esto de ser sexys, y sexualmente activas, se pasan de la raya, covirtiendo a sus hijos en objeto de sus actividades, como hacen, por ejemplo, Jill Claybourgh en La Luna, o más recientemente Julianne Moore en Savage Grace o Isabelle Huppert en Ma mère.Hay madres peligrosas, como Kathleen Turner en Los asesinatos de mamá, y existe el tipo de madre que te absorbe y puede volver loco, una tipología muy frecuente en comedias como Tira a mamá del tren, La madre de él, o Asfixia, donde aparece Anjelica Huston, que últimamente está especializándose en papeles de madres excéntricas... Pero para madre absorbente la de Norman Bates, y para madre omnipresente... la de Almodóvar.


Pocos cineastas han dedicado tanta importancia a la figura de la madre como ha hecho Pedro Almodóvar a lo largo de su filmografía, mostrándonos todo un catálogo de madres de diversa condición. Y no sólo dibujándolas como personajes imprescindibles de una trama; el realizador también se valió de su propia madre –tristemente fallecida- para colocarla en el reparto de algunas de sus películas, con breves y divertidas apariciones. Según recuerda el propio director acerca de su infancia en la Mancha, “en una zona árida y machista, el hombre reinaba desde su sillón orejero mientras que las mujeres solucionaban realmente los problemas, en silencio, teniendo muchas veces que mentir para ello, y a base de mentiras conseguían evitar más de una tragedia”. La madre era la pieza fundamental para que la vida fluyera y se desarrollara, y esa capacidad que tenían para fingir, junto al tema de la soledad y el sufrimiento de la maternidad, están presentes en muchas de sus películas. Ya en “Laberinto de pasiones”, su segundo largometraje, plantea estos temas a través de varias mujeres; aquí hay madres ausentes, madres en potencia –incluida una que quiere un bebé probeta- y una madre real, la azafata a la que da vida Eva Silva. En “Entre tinieblas” no hay madres pero sí una Madre Superiora que ejerce como tal, y también una marquesa que se topa con una joven que podría ser la reencarnación de una hija que se perdió en Africa (la imaginación del manchego no tiene límites). Las madres abundan cada vez más en títulos posteriores, como en “¿Qué he hecho yo para merecer esto?”; son abnegadas amas de casa, mujeres que sufren el día a día; entre ellas estaba la señora Paquita, que era un claro homenaje a la propia madre del director. Las hay también, y de tipos distintos, en “Matador” –la malvada que interpreta Julieta Serrano y la divertida que encarna Chus Lampreave-. Y en “Tacones lejanos” nos plantea la dolorosa relación entre una madre y su hija.



El muestrario que ofrece el cineasta a lo largo de más de veinte años alcanza su cima en “Todo sobre mi madre”, donde Cecilia Roth es la madre que siente la necesidad imperiosa de buscar al padre del hijo que acaba de perder en un accidente. Es una de las madres más dolorosas y trágicas de su filmografía, y alrededor de ella giran varios personajes, entre ellos el de Penélope Cruz, una monja que espera un hijo concebido con un transexual –Almodóvar riza el rizo hasta más allá de lo creíble- Un último apunte: en la escena del sueño de “Hable con ella”, filmada en blanco y negro, un hombre del tamaño de un dedo (Fele Martínez) escala por el cuerpo de una mujer dormida (Paz Vega) y al final se detiene ante la vagina. Se introduce en la abertura, sale un momento y luego decide quedarse dentro. ¿Un deseo de permanecer en el seno materno? ¿Tendremos algo de eso en nuestro subconsciente?, ¿Una necesidad de no desconectarnos del todo de nuestra madre? Seguramente algo de eso ronda por la cabeza del cineasta.

3 comentarios:

albertaco said...

Increible reflexión sobre las madres...Almodóvar ama a su madre y así lo demuestra en todas sus películas incluidas Volver y los abrazos rotos...la madre ama su hijo..y eso hace ke smpre tengamos un deseo irremdiable de no apartarnos nunka de ella, yde laguna mediiante diversas expresiones mostramos ese deseo inevitable...saludos...espero ke et pasaes por mi blog..tno dos neuvos videos..saludos

Xavier Vidal said...

De acuerdo con el comentario de Albertaco.

Gran repaso a las mujeres y el cine... también se me ocurre la sufridora Björk de Bailar en la oscuridad, ¡qué interpretación!

Saludos José!

Pabela said...

Vaya publicación que te has mandado José!. Todo un lujo de tributo a la figura de la madre en cine. Yo te colaboro con una de las historias de "Historias de Manhattan" de Woody Allen donde un mago hace desaparecer literalmente a la madre de este y luego aparece en el cielo para perpetuo castigo de nuestro protagonista porque como buena madre Judía era el extremo de la sobreprotección! jaja.