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Friday, November 11, 2011

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Critica A TORINÓI LÓ (The Turín Horse)

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Titulo: A Torinói Ló / The Turín Horse / El Caballo de Turín
Director: Béla Tarr
País: Hungría
Género: Drama
Guión: Béla Tarr, László Krasznahorkai
Fotografía: Fred Kelemen
Música: Mihály Vig
Reparto: Volker Spengler, Erika Bók, János Derzsi, Mihály Kormos
Sinopsis Libremente inspirado en un episodio que marca el final de la carrera como filósofo de Friedrich Nietzsche. El 3 de enero de 1889, en la plaza Alberto de Turín, Nietzsche se lanzó llorando al cuello de un caballo agotado y maltratado por su cochero. Luego se desmayó. Después de este acontecimiento, que constituye el prólogo de la película de Béla Tarr, el filósofo dejó de escribir y se hundió en la locura y el mutismo. Sobre esta base, The Turín Horse explora los destinos del cochero, su hija y el caballo, en una atmósfera de pobreza que anticipa el final del mundo. 


Sobre el cine de Béla Tarr

Hablar del cine de Béla Tarr es un asunto complejo, y hasta espinoso. Sobre todo si recalcamos la  poca o nula repercusión comercial que han tenido sus películas, su insubordinación ante cualquier criterio dogmático preestablecido en el séptimo arte y sus radicales desafíos formales  presentes en su trabajo. Parte de la crítica internacional lo considera como uno de los cinco mejores directores de cine del mundo aún en actividad, pero este servidor, cree, que es éste el realizador que más se aproxima a la idea concebida y materializada de lo que debe simbolizar el cine como expresión artística y visual.   Tarr concibe sus primeros trabajos   —Családi tüzfészek «Nido de Familia»,1977— tras su ansiedad motivacional por las dificultades de las vinculaciones humanas en los espacios reducidos, hasta englobar de manera universal la ontología del poder y la decadencia de las relaciones comunitarias Kárhozat «La Condena»,1987 y A Londoni férfi «El Hombre de Londres»,2007— todo ello camuflado por el estilo visual y sonoro que el realizador va refinando durante toda su filmografía.

Dentro de las constantes que consolidan su sistema encontramos: Su insondable capacidad de atrapar cinematográficamente el tiempo y de captar su palpitación gracias al ritmo pausado y reflexivo que imprime en sus propuestas —Tarr le gusta decir en las conferencias «Que el rollo de la película virgen tenga sólo once minutos es una forma de censura por parte de Kodak»—; tal característica del tiempo es apreciable en su película más ambiciosa Sátántangó «Satan’s Tango», 1994 de siete horas de duración, en donde encuadra y reencuadra a los personajes ante la sensación de danza coreográfica y la profundidad de campo de sus tomas. Todo ello convierte a la cámara y el espectador en un testigo privilegiado.  Uso imponente de la fotografía en blanco y negro como opción artística. El propio Tarr dice «con el color no puedo controlar la imagen, con el blanco y negro puedo establecer una distancia entre el mundo real y el mundo representado en la imagen de la película» En sus películas siempre hay personajes en movimiento que deambulan sin destino ante pasajes apocalípticos —famosos paseos de Béla Tarr— de esta manera la relevancia por el desplazamiento en el espacio garboso es predominante. Los argumentos de las historias importan menos que la aproximación obsesiva a los personajes, ya que lo relevante siempre es entender lo que está realmente sucediendo debajo de la superficie. Imágenes perfectamente compuestas y coreográficas sobre un trasfondo pesimista, de derrota y pre-apocalíptico. El uso repetitivo de las piezas musicales de  Mihály Vig  que reiteran la ambigüedad del elemento sonoro en el cine.



Razón de inspiración para grandes cineastas de la actualidad como Carlos Reygadas, Gus Van Sant —etapa experimental, incluso Elephant fue concebida como merito e inspiración  al cine de Tarr— y algunas películas de Michael Haneke — Das Weisse Band «La Cinta Blanca», presenta muchas similitudes con Werckmeister harmóniák «Armonias de Werckmeister»— el gran cineasta húngaro se presenta como un heredero de los grandes de la cinematografía mundial, y como un artista superior —aunque poco le importa el merito al cineasta con dotes de filosofo— en un horizonte donde predomina la vanidad y la escases creativa. Animo a los lectores, conocer y comenzar a profundizar la obra de este magno realizador, que aunque declaró que ha terminado su carrera tras las cámaras, su legado cinematográfico parece comenzar a distinguirse.

Dejando claro algunas de las tantas singularidades del realizador húngaro, podemos aproximarnos a la reseña de su «supuesta» última película, El Caballo de Turín.

El Caballo de Turín

"Conozco mi suerte. Alguna vez irá unido a mi nombre el recuerdo de algo gigantesco, de una crisis como jamás la había habido en la Tierra, de la más profunda colisión de conciencia, de una decisión tomada, mediante un conjuro, contra todo lo que hasta ese momento se había creído, exigido, santificado. Yo no soy un hombre, soy dinamita". Friedrich Nietzsche, en su obra "Ecce homo" (1889).

Basándose en la evidencia anecdótica del extraño incidente que puso fin a la cordura del gran filósofo alemán ─Nietzsche se lanzó llorando al cuello de un caballo agotado y maltratado por su cochero. Luego se desmayó. Dos días después murmura inarticuladamente sus últimas palabras, después de las cuales quedo mudo «Madre, soy un tonto» Diez años después, murió─ Béla Tarr junto a su habitual guionista László Krasznahorkai, exploran la vida del cochero, su hija y el caballo, en esta supuesta fabula apocalíptica titulada «A Torinói Ló»



Tarr cuenta en seis capítulos —dividido en días, ya que Dios creó el mundo en seis días y lo que hace es realizar un proceso inverso, de anticreación— el peso vital de estos cuatro personajes —el cochero, su hija, el caballo y la parcela—, ya que finalmente siempre el entorno o el ambiente logra imponerse como un personaje más y hasta diría que cómo el personaje protagónico en las películas de Tarr.  Los días trascurren de manera tediosa y desoladora dentro de la cabaña, afuera el silbido del viento que sopla fuertemente sin cesar, es escalofriante. El anciano y su hija, comen diariamente una patata cocida —incluso el ambiente es parecido al fresco de Vincent van Gogh «Los Comedores de Patatas»— y beben del agua que extraen del pozo de su parcela.   Estos seres carentes de esperanza observan diariamente por la ventana el espantoso ambiente que los rodea —entendido erróneamente como algo apocalíptico, ya que Tarr intenta es representar una visión simple y pura de la vida, de esa rutina que nos determina y que nos debilita diariamente, hasta atentar con extinguirnos— y presencian como día tras día van perdiendo algo vital, necesario y rotundo para vivir; comenzando por la fuente de dinero y de comida que tenían, el caballo; que se niega a comer, andar y aceptar las indicaciones de su amo. De esta manera las conjeturas del tiempo y del ambiente suceden ante la impotencia de este viejo duro y desilusionado, y de su hija pasiva y manipulable, que van quebrantándose mientras reciben pequeñas pero rotundas iteraciones con el exterior. La visita de un hombre que viene a comprar Palinka y expone las características de un ambiente devastado por la perdición de la humanidad y de su sistema; y la repentina  y aterradora aparición de unos gitanos que maldicen el pozo con su magia y lo secan, evidencian decididamente una parte de la filosofía del propio Nietzsche y su idea absoluta de un mundo moderno arrojado a la perdición y al nihilismo, en donde la razón apolínea, el valor absoluto kantiano y el mundo suprasensible platónico liderado por el juicio eidético y perfecto de un Dios y esencias vaporosas, finalmente lo que hacen y harán es condenar la existencia y producirá un desenlace desastroso como el que se ve en la pérdida del estigma en estos personajes nihilisados por su entorno.

El caballo, símbolo de lo feroz y salvaje, del impulso vital de la vida, se encuentra enfermo, viejo y cansado, con ánimos de entregarse a la muerte, al igual que su dueño, el cochero, un hombre desgastado y sin fuerzas que únicamente soporta el peso del tiempo que cada vez se hace más insoportable. La hija, alegoría de la juventud sometida y domesticada por la severidad estoica, hacia la simbología de la firmeza o resistencia como punto final a lo ilógico de una humanidad en donde el acopio de bienes refleja el valor humano.



La caligrafía visual y el lenguaje cinematográfico de Tarr me cautivan como lo hiciera con sus filmes anteriores. La casi ausencia de diálogos —y cuando suceden hipnotizan escalofriantemente—, la ingeniería del sonido recreado posteriormente a la filmación, la única pieza musical que define perfectamente al filme, la gloriosa fotografía —la mejor del año— de contrastes y sombras, de reflejos y oscuridades, y de polvos y tinieblas, y sobre todo, la sabia dirección de un realizador que consigue un dominio total de su película, hacen que esta rara y radical obra de arte, jamás abandone mi memoria. Creo que jamás poder olvidar el ultimo fotograma, esa última imagen que define el días seis, ese día que antecede al día siete de descanso, de inactividad, de muerte.

Tarr nos dice en su película lo que nos decía Nietzsche en sus libros, que tanto el dolor como el caos son los protagonistas de la historia y que la vida debía destilar dionisismo y no nihilismo. Quizás el reconocer que la llama —representada por el caballo victorioso— que podría avivar el fuego de ese übermensch que Nietzsche propugnaba par un futuro, se estaba extinguiendo, fue lo que produjo aquel misterioso hecho en Turín y la posterior locura del filosofo. Pero esto es meramente una especulación, y de especulaciones e interpretaciones —y no de verdades— está conformada la historia, y esta interpretación de Bela Tarr sobre la humanidad me resulta increíblemente magnifica y altamente artística. Obra maestra que da fin a la carrera cinematográfica de un artista irrepetible.  

Nota: 10/10

7 comentarios:

Mario said...

Para ser franco te leo a veces y no siempre coincido con lo que escribes pero ésta vez me has dejado con entusiasmo ya que para ésta cinta tengo altas expectativas, tu reseña alimenta mi deseo sinceramante ya que está bien escrita y se filtra tu devoción por el cineasta. Es muy buena la infaltable mención de la filosofía de Nietzsche, filósofo que me agrada mucho y personaje como bien has escrito que esperaba álguna explosión, lastima que su ego no vislumbró la tragedia o quizás la propició, terrible la vuelta de tuerca que le dio la vida, la frase soy un tonto es triste. Bela Tar me produce mucha curiosidad, ésta película es la que más espero ver pero me produce más que eso, quiero ver dentro de su filmografía, cosa que haré sin falta. Un abrazo.

Mario.

daniel said...

Pues yo tambien la espero mucho, pero antes debo visionar Armonias de Werkmeister, (tal vez lo haga este fin de semana, que estoy mas relajado). He oido grandes comentarios del film, asi que intrigado estoy ¿Es el primer 10 redondo del año no? Pues hay que verla indudablemente.

Saludos Jose.

angellapresta said...

No conozco más que Armonias de Werkmeister, y no sintonizamos mucho Tarr y yo, me temo que sea mejor tu comentario que la propia película, aunque con este excelente análisis, mi curiosidad no tiene otro remedio que insistir. Saludos

Fando said...

Sin lugar a dudas El caballo de Turín es un filme extremadamente difícil de asimilar, de reflexionar y de diseccionar, sin embargo concuerdo con prácticamente todos los puntos que expones en esta estupenda crítica.

Tarr nos ha regalado el que hasta el momento es el filme más complejo del año. Un cine completamente diferente, atrevido y temáticamente innovador.

Giancarlo Verástegui said...

Te seré sincero, no soy un grande apasionado del cine de Bèla Tarr, he visto sólo dos obras suyas "Damnation" y "Werckmeister Harmonies" y ambas me produjeron sentimientos sumamente contrastantes, es obvio que todo depende de mí y de la manera de relacionarme con el arte del cineasta húngaro, arte indiscutible. Cada nota bibliográfica que le concierne se resume en tres absolutas verdades estilísticas: el blanco y negro, el plano secuencia y la dilatación del tiempo, que han convertido, a todos los efectos, el rasgo distintivo de un estilo poético, ciertamente no inmediato (como en mi caso), pero para aquellos que encontrarán ( o ya encontráron) la armonía, es probable que desencadene una reacción emocional decisiva.

Aquí "The Turín Horse " será proyectada a mediados de diciembre, en una pequeña muestra del cine de autor, donde se podrán apreciar también lo nuevos trabajos de Andrea Arnold y sobre todo Nuri Bilge Ceylan (que me interesa bastante). Prácticamente no estaba tan interesado en visionar la última obra de Tarr, pero tras la insistencia de un amigo mío, enamorado del cine del director húngaro (me recomienda fuertemente "Sátántangó", pero son más de siete horas!!) y después de haber leído tu excelente reseña es casi seguro que le de una oportunidad. Ya te contaré.

Un abbraccio e tanti saluti José !!!

Carlos Wilson said...

Completamente de acuerdo, la película es de una belleza aterradora, increíble de lo mejor que he visto, si Carlos Reygadas me ha impresionado, por fin he conocido (me he dispuesto a ver la mayor parte de la obra de Béla Tarr)parte de la influencia de su forma de hacer cine. Gran maestro Béla Tarr.

Nina Cohen said...

Es brillante, es severa, aborda la desesperanza con profundo respeto, con tanta seriedad y silencio, es una situación desesperante y te obliga a compartir esa sensación poco a poco, paso a paso y a pesar de eso las imagenes son tan hermosas, las deja el tiempo justo para recorrerlas, como estar frente a un cuadro, la música es la más bella locura, también lo es el silencio