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Friday, November 07, 2008

Recomendación de la Semana

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Persona (1966) es la película que, en mi opinión, supone el punto más alto de la obra de Bergman, y en ella realiza un estudio no sólo de los seres que exhibe sino del propio proceso creativo, introduciendo elementos distanciadores muy brechtianos a lo largo de la película, con el fin de crear consciencia de que lo que estamos viendo es una recreación de algo, manipulado por su director.

La anécdota es muy sencilla en apariencia. Una actriz que ha dejado de hablar repentinamente durante una representación teatral es tratada médicamente en una mansión privada, situada en una isla, por una enfermera que intenta conseguir su curación para lo que intenta comunicarse con ella mediante la palabra, sin conseguir de la otra parte más que el silencio. El resto de la película es la especial relación que se crea entre ambas mujeres, donde la actriz se va adueñando pausada pero constantemente de la personalidad de la enfermera, sin decir una sola palabra.

La dominación por el silencio, creando la necesidad de contacto humano verbal en el ser más indefenso o, al menos, más confiado, se muestra en la película como aparente tema central de la misma. El proceso de vampirización entre la enfermera y la actriz "muda", se me antoja insuperable, el grado de identificación progresiva entre ambos personajes queda explícito en un genial primer plano acusado en su momento de demasiado ingenuo de ambas en total conexión, que, posteriormente, ha sido utilizado en alguna ocasión por otros directores, pero que nunca se ha superado en el clímax conseguido por la aparición de los rostros integrados, en una muestra más de la enorme habilidad del realizador para explorar el interior de los seres a través del rostro humano.

Sin embargo, esta dominación no me parece, en absoluto premeditada, no olvidemos que la actriz se encuentra aislada con la enfermera debido a unos problemas mentales difusamente planteados en el film, que le impiden voluntaria o involuntariamente comunicarse verbalmente. Parece evidente que existe una voluntariedad en la falta de habla en la actriz, que obedece más a una toma de postura ante la vida que a un intento de dominación sobre otras personas. Cuando deja de hablar en una representación teatral, su trabajo no se plantea ninguna relación de dominio sobre los demás, simplemente decide que su forma de vida y su trabajo son accesorios para su existencia y decide prescindir de lo accesorio para concentrarse en lo esencial buscando una respuesta a su angustia existencial.

De esta forma lo que la película propone, es el enfrentamiento entre dos personas, en todo el significado de la palabra persona, con diferentes planteamientos existenciales, así como el conflicto y la simbiosis que se produce entre ellas, a lo largo de su enfrentamiento, aunque parece que el director toma partido, eso sí, en el sentido de que la persona de planteamientos más puros y esenciales prevalece sobre la otra, más terrena y con más necesidades.

En la base del film Bergman trata de realizar una exposición del vacío existencial de las personas, el terror a lanada y a la falta de significado de sus vidas que es la razón por la que la actriz, consciente de esa nada, considera inútil su actividad, de ridícula importancia frente a la magnitud de ese vacío y el terror que genera. La consciencia de la muerte como desaparición total y absoluta planea también, de este modo, en la película como en tantas otras en la obra de su director.

Además, el hecho de que la actividad de la protagonista sea actuar, junto con el juego de imágenes aparentemente solo aparentemente ajenas a la trama que Bergman utiliza desde el mismo comienzo espectacular por lo inhabitual del film son elementos que le permiten al director extenderse en una reflexión sobre la representación y la realidad, sobre la apariencia y la verdad también presente en otras películas suyas. La máscara, como símbolo de representación y de ocultamiento de la realidad.

En este sentido me parece interesante destacar la falta de indicaciones de Bergman para separar las escenas "reales" con las "imaginadas" ya que, al contrario de lo habitual donde o bien la planificación o bien el tono de la fotografía son diferentes, aquí todo sucede como si fuera real. Trabaja ambas posibilidades con la misma textura y el mismo tipo de realización, como queriéndonos decir que ambos estados de vigilia y ensoñación son similares y ambos forman parte por igual de la propia persona en igualdad de importancia. Este efecto ya lo había utilizado en Fresas salvajes al conseguir esa cohesión entre los recuerdos y el presente del profesor.

El tema de la apariencia y de la representación, se encuentra muy presente en el cine de este realizador, la misma escena del bonzo ardiendo de Persona marca la diferencia para la actriz entre la verdad "representada" y la verdad "real", o el horror verdadero de la muerte.

Curiosamente esta muestra del horror real de la vida se muestra a través de otro medio de representación como es la televisión, pues no olvidemos que las imágenes que vemos en este medio son, de alguna forma, manipuladas, es decir, representadas.

Esto introduce una nueva reflexión sobre los diferentes medios de exposición de la realidad ante el espectador:

  • El teatro, actividad primordial de la protagonista de Persona, de otros personajes de sus películas y una de las del propio director, donde la representación se realiza sin intermediarios, cara a cara con el receptor de la manipulación que a su vez es consciente de dicha manipulación.
  • La televisión, donde el receptor puede encontrarse indefenso ante dicha manipulación, inconsciente de ella.
  • El cine —tan manipulador como la televisión y el teatro, o incluso más— donde la sala oscura y el tamaño de las imágenes pueden producir en el aislamiento individual de cada receptor un efecto de alienación que provoque su compenetración con los personajes mostrados haciéndole formar parte de ellos; hasta tal punto que en ocasiones Bergman busca romper esa intensa conexión mediante cortes —el quemado de la película— para que recuperen su consciencia de receptores de una representación y, de este modo, la lucidez perdida durante la representación.

Por otro lado y en relación con el aspecto narrativo de la obra y con el posible simbolismo de muchas de sus imágenes en su momento su cine se valoraba fundamentalmente en función de sus símbolos es interesante el precedente que supone su película inmediatamente anterior, la comedia Por no hablar esas mujeres (För att inte tala om alla dessa kvinnor, 1964).

En cualquier caso, simbólica o no para mí sí que existe un evidente simbolismo en muchas de sus imágenes lo que sí da la impresión es de que, en aquel momento, más que narrar historias lo que hacía Bergman era exponer ideas, dejando la verosimilitud narrativa a un lado para explicar sus puntos de vista sobre los temas que le interesaban: más que narraciones planteaba ensayos.

Realmente las forzadas interrupciones del hilo narrativo mediante la utilización de diferentes recursos con el objetivo de hacer presente la simulación y manipulación que todo film supone esencialmente fueron, al menos para mí las primeras veces que pude ver esta película, totalmente necesarias dado el grado de implicación que inconscientemente estaba teniendo con la historia.

En resumen, a mi parecer nos encontramos ante una de las obras cumbre de la historia del cine.


2 comentarios:

Xavier Vidal said...

Lo siento: no puedo con esta película, me resulta, al igual que casi todo el cine de Bergman, insoportable. Saludos.

David C. said...

Como leí alguna vez, todas las obras de Bergman son obras maestras.