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Tuesday, January 20, 2009

Recomendación de la semana:

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INLAND EMPIRE

¿Quieres ver? La mirada instalada en una absoluta dispersión de los sentidos. En “Mulholland drive” aparecía el escuchar como instancia capaz de hacer emerger lo otro, lo inesperado, lo que no aceptamos creer. Ese to listen es transfigurado en “Inland Empire” por el Do you want to see? ¿Quieres ver? Esa es la pregunta que desplaza nuestra propia presencia en el mundo. Pues, ¿queremos ver aquello que está más allá de nosotros, que es nuestro propio desplazamiento hacia otro mundo? ¿Quieres ver más allá de lo que hemos creado? ¿Quieres ver todo un mundo interior? ¿Quieres ver tus temores, tus angustias, tus sueños, tus perversiones? Sobre ese ¿Quieres ver? David Lynch pone nuestras oscuridades sobre una luz que nos enceguece, pero para así ver lo otro: ¿Quieres ver lo que eres y lo que eres capaz de hacer? En “Mulholland drive” se nos decía que “no hay banda” y sin embargo escuchábamos una banda. Pero no podíamos dejar de creer que en verdad había una banda, y solamente frente a la caída de Rebeca del Río cantando Crying podíamos entender que en realidad no hay banda. Y por ello silencio. En “Inland Empire” sabemos que hay una película haciéndose y que nada de lo que vemos puede ser real, y sin embargo no aceptamos ello hasta el final cuando nuevamente el televisor en la habitación nos muestra la imagen que estamos viendo, y también cuando la pantalla de cine nos muestra lo que en ese momento está sucediendo; y sobre todo cuando vemos la cámara y el set de filmación y el director dice: “corte, se imprime”. Pero lo que está sucediendo allí es que en realidad nos están invitando con aquella pregunta: ¿Quieres ver?.. Y habría que decir o intentar pensar cómo se nos aparece ese quieres ver

En el principio fue el blanco y negro, un pasillo tenebroso y una prostituta. Una púa sobre el disco, gira como el mundo, o simplemente gira… Y después se hizo el color: ya no es una púa en el disco, sino una pantalla de televisión lo que inquieta. Ya no escuchamos, más bien vemos. Y lo vemos todo porque hay una televisión delante. Ese es nuestro despertar en la mirada, pero una mirada que no es reconocimiento como alguna vez pretendió Sartre, sino que es mirada concretada en el espacio, desplazada, fugada, una mirada que es espacio. La chica repleta de lágrimas mira en TV, y en su habitación, todo lo que nosotros vemos. Y, al tiempo, los conejos, los aplausos y las risas (¡y qué tenebrosos que resultan los reidores en TV!) revelan la espectacularización de ese mundo donde todo es mostrado; y sí, en la pantalla de TV.

Junto a los conejos (o esa mezcla de conejo y asno) advertiremos que cada puerta abre a un espacio diferente, como en un mundo de Huxley, pero excesivamente más convulsionado, y donde cada ilusión es excesivamente más real, oscura y tenebrosa. Enseguida un diálogo nos des-compone en situación: -¿Estás buscando algo? -Sí. (es la respuesta, y ante ella nuevas preguntas, pues nunca hay respuesta que elimine todo el caudal de preguntas posibles): -¿Estás buscando una manera de entrar? ¿Estás buscando una abertura? Todo a partir de allí se inserta en el mundo de las imágenes, y nos vemos a nosotros buscando esa abertura, esa manera de entrar, pero también de salir definitivamente de allí. Y quizás por ello se nos aclara que “las acciones tienen consecuencias”. Será la remake de una película maldita que se procura filmar en ese mundo no menos maldito que es Hollywood tal como nos enseña Lynch, la que nos introduzca en esa dimensión del ¿quieres ver? Tal película se titula: “On high blue tomorrow”; y blue es azul y es el color de Lynch, lo sabemos, pero también significa triste, y en Lynch, además, da miedo. Y da tanto miedo como que se nos insista preguntándonos Do you want to see? ¿Quieres ver tus deseos, tus perversiones, tus sueños, tu realidad? ¿Quieres ver?.. El deseo de que su esposo la mire cuando está con otro hombre, por ejemplo. Pero hay que decir que la perversión ya está dada en la pregunta, pues es perverso que se nos pregunte si queremos ver, a sabiendas que no hay nada más desleal (y perverso) que nuestra propia curiosidad.

Y ese ¿quieres ver? es la abertura, nuestro ingreso en los infinitos pasadizos; esos pasadizos desde donde lo podemos ver todo. Es la aparición de las prostitutas diciendo: “míranos y dinos si nos has visto antes”. Es la aparición de la misma chica que mira la televisión, también como prostituta diciendo: do you want to see? Y refiriendo que para ello se debe encender un cigarrillo, quemar la seda y sobre el agujero mirar (¡y que oscuros que son los agujeros!). Y es la aparición de la muerte, y ¿quieres ver tu propia muerte? Y luego es también ella (¿Nick Grace o Sue?) dirigiéndose a las prostitutas: -Mírenme y díganme si me han visto antes. Y todos ríen con el mismo fervor que los reidores en el espectáculo de los conejos. Y como en un cine vacío donde en la pantalla podemos ver lo que está ocurriendo en ese mismo y preciso instante, el film dentro del film no es otra cosa que ver la realidad del filme. ¿Quieres ver en esos pasadizos que nos llevan a una profundidad que desespera nuestras inquietudes interiores? Los pasadizos de Lynch son ese desplazamiento en donde el centro de la tierra es, en definitiva, ese lugar del puro comienzo del más absoluto descentramiento, donde el centro de la tierra no es otra cosa que un mundo interior, absolutamente interior. ¿Quieres ver toda esa perversión que llevas dentro? Por todos esos pasadizos se desplaza la pregunta que Lynch hace y nosotros, así, ingresamos, queremos ver desplazándonos por todas esas posibilidades: nuestros temores, nuestras angustias, nuestros sueños, nuestras perversiones. Queremos ver, desplazados entre fantasías como cuando éramos niños y todo, absolutamente todo, lo queríamos ver. Ahora también, como niños, todo lo queremos ver, y entonces, los payasos dan miedo, y somos niños muy niños y los payasos dan miedo y queremos ver. Do you want to see?..

Sobre Lynch & Inland Empire


Música

Un día tenía puesta la radio mientras trabajaba en El hombre elefante y escuché el Adagio para cuerdas de Samuel Barber. Me enamoré de la pieza para la última escena de la película. Le pedí a Jonathan Sanger, el productor, que la consiguiera. Y me vino con nueve grabaciones distintas. Las escuché todas y le dije que aquello no era lo que había escuchado por la radio. Las nueve estaban mal. De modo que compró otras distintas. Al final escuché la versión de André Previn y dije: "Es ésa". Estaba compuesta por las mismas notas que las otras, claro, pero Previn la hacía diferente. La música tiene que casar con la imagen y realzarla. No puedes limitarte a poner algo y esperar que funcione, ni siquiera aunque se trate de una de tus canciones favoritas de siempre. Esa pieza musical puede no tener nada que ver con la escena. Cuando casa, lo notas. El conjunto da un salto, pasa eso de que "el resultado es mayor que la suma de las partes".


La luz en una película

A menudo, en una escena, la habitación y la luz juntas significan un estado de ánimo. Por tanto, incluso aunque la habitación no sea perfecta, puedes trabajar la iluminación hasta que transmita la sensación correcta para que refleje el mismo estado de ánimo que la idea original. La luz puede cambiarlo todo en una película, incluso un personaje. Adoro ver salir a gente de la oscuridad.


El Titulo

Un día todavía al principio del proceso, hablando con Laura Dern, me enteré de que su actual marido, Ben Harper, es de Inland Empire, en Los Ángeles. Estábamos charlando y Laura lo mencionó de casualidad. No sé cuándo surgió, pero se lo dije: "...se es el título de la película". Por entonces yo todavía no sabía nada sobre la película. Pero quería titularla Inland Empire. Mis padres tienen una cabaña de madera en Montana. Y un día mi hermano, limpiando la cabaña, encontró un álbum de recortes detrás de un armario. Me lo mandó, porque era mi álbum de cuando tenía cinco años, de cuando vivíamos en Spokane, Washington. Abrí el álbum de recortes y la primera fotografía era una vista aérea de Spokane. Y debajo podía leerse: "Inland Empire". De modo que deduje que iba por el buen camino.


Calidad DV

Actualmente utilizo una cámara de video digital Sony PD-150, que es de menor calidad que la HD o alta definición. Y me encanta esta menor calidad. Adoro las cámaras pequeñas. Su calidad me recuerda las películas de los años 30. Por entonces, la emulsión no era demasiado buena y por tanto la pantalla contenía menos información. El resultado de la Sony PD es un poco igual, para nada similar a la alta definición. Y a veces, en un fotograma, si quedan ciertas dudas acerca de lo que estás viendo o algún rincón oscuro, anima a soñar. Si todo el fotograma es de una claridad cristalina, hay lo que ves y nada más. Por desgracia, la alta definición posee esa claridad cristalina. Una vez vi un fragmento de película en la pantalla de mi sala de montaje rodado en alta definición; algo de ciencia ficción. Y al fondo se distinguían los tornillos hundidos en la madera cuando supuestamente se trataba de una consola metálica. La alta definición va a complicar mucho más construir decorados.




3 comentarios:

Mariano said...

Es la película más loca que vi en mi vida! 3 horas retorcidas, cargadas de emociones... amo este film!

saludos, josé!

Alvaro said...

Yo comparto la opinion de Mariano, Inland Empire es una de mis peliculas favoritas, nunca me canso de verla.
Lo que mas me gusto fue la banda sonora, una excelente oscilacion entre lo tenebroso y aterrador, con lo divertido y ligero, sin mencionar a algunas bellas melodias que acompañan las mejores escenas de la pelicula.

ElChapa said...

Gran...grandiosa pelicula. Gracias por el comentario, muy completo... siempre es bueno saber lo que piensa la gente de un film que a uno le encanta...estas invitado a ver mi opinion que se encuentra por algun lugar del blog!

Saludos Sospechosos!